Crisis de los 30

Bye Bye veintitantos

Y de repente un día te levantas… y tienes 29 años.

No sabes ni cómo has llegado tan lejos y viva.

Has pasado por todas esas fases por las que tenías ganas de pasar… y aunque eres consciente de que te quedan muchas cosas por vivir y conservas la ilusión por cumplir nuevos retos, de repente, sientes que necesitas parar el tiempo.

Una pequeña parte de ti no quiere seguir avanzando. Te das cuenta de que no vas a tener tiempo suficiente de cumplir todos tus propósitos. Básicamente porque la mayoría de sueños que tenías cuando eras niño siguen pendientes. Y es que, ¡Que caprichosa es la vida! Tantos sueños por cumplir… y a la vez tantas cosas maravillosas vividas que no esperabas que te ocurrieran.

Siento, a veces, como si dedicar tiempo a soñar fuera inútil. Aún no he realizado la mayoría de cosas que esperaba de mi misma y sin embargo… ¡He recorrido tanto!

Cuando era niña y me imaginaba a mi misma alcanzando los 30, me veía con las típicas cosas que se esperan de ti en la treintena como estar casada, con una hipoteca, tener un trabajo estable, un par de críos… Nunca llegué a plantearme si era eso lo que yo quería de verdad, simplemente, era lo que yo creía oportuno en esa edad. Es como si en cada etapa de tu vida te tocara vivir ciertas situaciones estereotipadas para poder sentirte ¨normal¨.

Siendo sincera… nunca me he sentido ¨normal¨, pero cada vez soy más consciente de que mientras sigo esas directrices pautadas por la sociedad me siento menos feliz. Y a decir verdad, tampoco me siento más integrada en el colectivo de lo ¨normal¨.

Bufff… NORMAL… ¡QUE ASCO DE PALABRA!

Además, cuanto más sigo al dictamen de mi corazón, ese susurro interior que nunca calla, más especial me siento y cada vez que hago algo que se sale de la pauta, me siento un poco más completa.

Es cierto que no tengo pareja, hijos, una hipoteca… ¡ni si quiera tengo coche ya! pero… Tengo un saco de experiencias tan grande a mis espaldas que ni siquiera tendría espacio suficiente en un libro. Necesitaría una serie de televisión de 7 temporadas a 28 capítulos cada una para poder contar solo los acontecimientos importantes.

No se lo que me deparará el futuro, y de hecho, ya no quiero volver a pensar en él. Toda una vida esperando cumplir aquellos objetivos que creía que me harían feliz, aquellas metas para que mi vida llegue a un punto llamado fin… ¡En el que todo empieza a ser perfecto!

Que daño hizo Disney en mí. Esas películas llenas de obstáculos en las que al final llega el: ¡Y vivieron felices y comieron perdices! Me hicieron pensar que el final es la mejor parte… y ahora me doy cuenta de que no existe final para uno mismo, pues se llama muerte y no seré ni consciente el día en que ocurra. A nadie le gusta pensar en eso. Supongo que por eso preferimos el de Disney.

Entonces llega un día en el que te das cuenta. A mí me llegó a los veintitantos. Supongo que varía mucho en función de la persona, pero llega, y tomas consciencia de que no existe ese final feliz que esperabas. No es un final feliz. Lo bueno de la vida está pasando aquí y ahora. Hoy es lo único que tienes y lo has de aprovechar. Después de una, dos, tres décadas de disfrutar de la alegría de vivir… Te das cuenta de que el final no lleva a nada mejor que lo que tienes ahora.

Y ya lo sé…  no quieres que llegue nunca, pero llegará. Nunca antes has sido tan consciente de lo que significa y conlleva la vida. Un mundo de nuevas experiencias, buenas y malas, que un día se acabará. Y este fin no es comer perdices sino dejar de disfrutar de las maravillas del vivir.

Porque…¡Que bella es la vida! Y que poco entendemos esto cuando somos jóvenes. Como adoramos recrearnos en lo negativo… y como damos por supuesto que las cosas buenas pasan porque son lo que merecemos. Creemos que la vida solo debería darnos felicidad y cuando no sentimos esa dicha…. Culpamos al universo, al destino, a Dios o a lo que sea en que creemos que tiene el poder sobre nosotros. Le culpamos de todas esas desmerecidas injusticias, sin darnos cuenta de que somos nosotros, y solo nosotros, los que tenemos el poder de cambiar lo que sentimos.

Somos dueños de nuestro propio destino y aun así, retozamos en el sentimiento negativo a la espera de que la propia vida nos devuelva algo estupendo, por el simple hecho de que nos lo merecemos, sin darnos cuenta de que la vida en si es el gran premio y que mientras nos empapamos con esas penas…. Pasamos por alto algo magnífico y formidable.

La vida pasa ante nuestros ojos y no la sabemos apreciar.

La victoria no es un objetivo sino un sentimiento.

La felicidad, la belleza del momento vivido aparece cuando elegimos el prisma correcto desde el que mirar. Ver el mundo como es, aceptarlo y disfrutarlo es una verdad en si misma. Una elección que tomamos cada día.

No depende de lo que la vida nos ofrezca sino de cómo queremos vivirla.

Llegas a los 29 y te das cuenta de que cada vez vives más el momento. Hoy comprendes mejor el Carpe Diem aunque te hayan hablado de él desde pequeño.

Lo entiendes mejor porque cargas tanto equipaje a tus espaldas, es una mochila tan pesada ,hay tanta arena en tu zapato impidiéndote caminar… Que ya no te preocupas por el que vendrá, porque sabes que no tienes ninguna posibilidad de predecirlo… y muchas veces, tampoco de cambiarlo.

Solo me arrepiento de no haber entendido esta verdad mucho antes para poder vivir los buenos momentos que he tenido con la intensidad que los vivo ahora pero… agradezco haberlo comprendido, pues supongo que habrá gente que no llegue a esta conclusión nunca.

Más vale tarde que nunca…

Así que, feliz cumpleaños Sonia, pero no disfrutes sólo de este día, disfruta de la vida CADA día.

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